sábado, 23 de noviembre de 2013

La Vida Sexual de las Montañas






Un anciano moribundo
confesó que las montañas fueron gente en una época lejana y aseguraba saber dónde se encontraban sus ojos, sus bocas y sus dientes; los orificios de sus narices y sus sexos,
azules genitales de roca
tendidos de sur a norte,
de horizonte a horizonte
y decía el anciano con la muerte enredada en su garganta
que  conocía las noches
 en que montaña con montaña
copulaban
en que las moles gigantescas se encimaban y amanecían exhaustas luego de haber derramado sus fluidos de rocas y de polvo.
Salimos un momento del cuarto para ver las montañas debajo de la luna llena. Dijiste: aquel pico es un caballero y el otro es una dama, pero el anciano había mencionado  los sexos, no  los géneros. 

Después
corriste descalza agitando las caderas en dirección al lago. Después
te desnudaste colgando tu ropa en los árboles de la senda. Después
te abracé en el inicio de la cascada. Cabellos húmedos. Piel ardiente. Las montañas
bramaban con los primeros brillos de la aurora

Cuando regresamos el anciano había muerto. A lo lejos
los picos danzaban en un baile de fertilidad. Las piedras milenarias
renacían, renacían, convirtiéndose en gente. Después
la prensa  diria que fue un temblor y nadie creería en el orgasmo de las rocas,
transformado en deslaves cenicientos,
en aludes poderosos. Tú y yo vimos las montañas
trepdas una sobre otra, copulando furiosas y luego rodando con un gesto de amenaza al cielo.
Esa noche enterraron al viejo y no borraron la sonrisa del rostro
mientras las nubes cuadradas del crepúsculo preparaban aplausos
para celebrar otras cópulas azules, polvorientas
debajo de los primeros brillos de la aurora.

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Las Montañas del cabo de creuse en marcha

jueves, 14 de noviembre de 2013

De nubes




Una nube corre como una muchacha
o un muchacho
 y se une a sí misma y se vuelve a unir
en un amor oscuro, 
alocado, 
alojado en los cofres de la aurora
donde las nubes van, 
vienen, regresan
como manadas quietas,
 juguetonas, 
azules,
negras y ambarinas.

Te veo correr descalza en la pradera verde
que se extiende entre el sílice de la playa y las laderas rocosas y grises como gigantescas tortugas.
Te veo correr
azul,
 tendida, 
quieta, 
 caída inmóvil en esa simulación de la muerte
que representas desde niña.
Imito a las nubes
me dices con una sonrisa soñadora con la que aspiras volar como un cometa
y caer lentamente por las colinas de la luz,
cubiertas de pájaros, 
de trinos, 
de miradas yertas.
Tu madre te llama para que te calces, ya que el cura está al llegar
y tú  escapas hollando con tus desnudos pies los excrementos de las gallinas
y te hundes en mi cama
y te revuelcas en el calor que mi cuerpo nocturno dejara entre las sábanas,
y sueñas con mi carne, 
y sueñas con mis sueños
mientras las nubes allá arriba se amontonan
y gritan y gorjean como cósmicos pájaros,
mordiendo la carne del sol,
los pedúnculos del crepúsculo
y el deslizarse azul de la próxima aurora 
que aún no llega. 

Que vendrá. 

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración : Personaje en forma de nube (Cuerpo de Nube) - Dalí

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Tus Pies





Tus pies,
dragones asombrados y asombrosos,
recorren mi vientre en las mañanas, transforman en tierra mi ombligo; en pájaros
 los sueños de mis vísceras.
Cantan sin boca, sin cuerdas ni sonido
ocultando sus notas
  en el  animal que protege mi sexo . 
Tus pies,
soldados de la noche trotando amaneceres,
pájaros rastreros y aguaceros tiernos, 
súbitas  muerte de las ramas.
Tus pies
que llegan
y se marchan
por la ventana de las horas,
cuando las lluvias montan los sueños en el vagón del día
y tu madre llena las glorietas con su presencia enorme. Tus pies.
Siempre tus pies
hechos de fuentes y de porcelanas,
de azules vasos con ojos y con manos,
Tus pies:  blancas garrapatas
capaces de beber la sangre de los ángeles.
Guardan la suavidad
 de todos los tornados
y la pasión morosa de las piedras
bajo el canto de la luna en las noches de agosto.

Tus pies,
pequeños huracanes.
Demuelen una a una las estrellas. 

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Vizerskaya

lunes, 21 de octubre de 2013

Debo escribir Ocho Poemas


 





Debo escribir ocho poemas
y así romper la tenue barrera de los siglos
en la que siete ha sido siempre 
 el número sagrado
y ocho,
- dos veces cuatro -
el guarismo de la estabilidad.

Ocho poemas:
Dos búfalos con las patas abiertas.
Dos vacas rumiando mientras buscan en las nubes
un pendúnculo de eternidad.
Ocho poemas:
Tú y tus siete dobles
jugando desnudas en un prado
con coronas de pétalos y ajorcas de flores
(Escucho las risas mientras caminan mi vientre
hecho de hormigas y caracoles). 
Ocho poemas,
cuatro pares de soles latiendo en el oriente.
Ocho estrellas fijas en una danza azul.
Cuatro pares de pupilas abiertas y sin brillo
mientras los misiles iluminan
el índigo del cielo.

Una muerte me cruza y se derraman
ocho perlas en el cuenco de mi axila.


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: La Danza - Mongrell Torrent

jueves, 17 de octubre de 2013

"No me Abandones" - Variaciones sobre tu Partida





Variaciones sobre tu partida: Video 1 



Hay tormenta
dices con voz cuadrada, sin ángulos ni aristas
Mira los relámpagos. Comentan que los truenos
son las voces de Dios.

Y sirves la cena donde el ocumo
 vibra celeste en sus vainas invisibles
Me dices que los niños duermen. Siento
que tu corazón late en las lejanías,
en un mundo más allá de esta lluvia
 y de este dolor  que en tu vientre
y en la planta de tus pies desnudos
se acurruca como una cobra azul,
 para mezclarse luego con el sol del mediodía, con la luz estruendosa llena de voces enormes  y cantos lustrales.

Ahora llueve. Los rayos
sacuden la pequeña casa y la luz parpadea
 y los rescoldos azabaches de la noche
se trepan por tus empeines y narras la anécdota de tu bisabuelo
que subiera con empeño la senda del día, la pendiente del sol
y luego   descendiera
para contar sus experiencias en el cielo olvidado.

Duele el agua que se precipita a baldes desde el cielo.
Duele la tenue y serena certeza de la tormenta
que no deja de arrojar el odio del azur. El dolor nos rodea - te digo - pero no me abandones.
Las lejanías
sólo guardan regresos en sus pechos. No me abandones. De hacerlo
tropezarás con los dientes de las olas
y  los embrujos que tu madre  pronunciara cuando naciste:
"Nunca caminarás descalza
y los suelos se replegarán bajo tus plantas".
 Sin embargo por aquí te conocen
como "la reina de los pies desnudos" - No me abandones -
hay niños invisibles en el aire
y caracoles azules que contienen tu partida.

Sin respuesta,
tu sonrisa y tus trenzas recogen los platos y un grito de ave
llega desde el cuarto de Daniel
Caminas hacia allí, recoges su llanto, descubres tu seno derecho
y afuera escampa con silentes y redondas notas que llegan desde el oeste
donde los insectos se bañan en el agua tibia de la lluvia de verano
y tus pies, emancipados del cuerpo, dejan huellas violetas
que luego alimentarán los cielos del atardecer.

Variaciones sobre tu partida: Video 2

(En la voz de Gocho Versolari)


Ponte el vestido azul. Marcha despacio cuando me dejes
para grabar la distancia de tu cuerpo
en los ojos de la nuca donde guardo
el coral en polvo que alguna vez recibiera
de una  estrella tan remota y azul
 como tu voz. 
GOCHO VERSOLARI

Ilustración: 5d0a9271_by_warhammerphoto

miércoles, 16 de octubre de 2013

Facebook: Oscurantismo y estupidez


Queridos amigos:

En el día de ayer la corporación Facebook retiró de la página GOCHO VERSOLARI, OBRA POÉTICA una de las ilustraciones del poema "El Cielo Niño". Se trata de la fotografía de Sergei Bizyaev "Light" en la que se perfila una m...ujer desnuda sobre el tronco de un árbol. El cuerpo está tenso mirando el cielo lejano y su postura prolonga la del tronco. Una verdadera obra de arte cuyo espíritu está del lado de una lírica pura más que del erotismo.

Los que quieran apreciarlo lo encontrarán en la siguiente dirección donde figura el texto original del poema:


http://gochobersolari.blogspot.com/2013/09/el-cielo-nino.html


No es mucho más lo que quiero agregar. El oscurantismo, la estupidez y la enfermedad del instinto se revelan por sí mismas. Tan sólo señalar que en lo que hace a la ilustración de esta breve nota no será censurada, ya que no hay ningún desnudo en esta sinfonía de crueldad. La muerte puede reinar por todas partes, siempre que no muestre los genitales.

 

GOCHO VERSOLARI

 


domingo, 13 de octubre de 2013

Hermoso Animal




Hermoso animal
que regresas soñando con mi cama y el calor de la noche 

desplegado en el mediodía
cuando los huesos de la tarde hierven bajo la resolana
y tus pies desnudos tropiezan con mis callejones, mis abismos, mis silencios  y los monstruos sensuales que me habitan.


Es el momento que debes alquilar el batiscafo del vecino nonagenario; el que desde sus chanclas te mira y te desea  cuando  dejas tus huellas en el barro de la entrada. Con él treparás el cielo líquido de tu droga íntima, aquella que elabora tu alma
diariamente y que te duerme y te despierta gloriosa cuando los grillos del día modulan un aquelarre de versos,   de estrofas y de dioses.

Remontarás los abismos

y cuando llegues al nivel de la tierra,
donde las profundidades se achatan y equilibran,
cacarearás y pondrás un huevo azul, tan azul que hará gritar a los niños del crepúsculo
enceguecidos por el color súbito, innominado
y veré las plantas de tus pies pendiendo del sol que se aleja y te lleva y se aleja
y se aleja y te lleva
hasta volverte luna

en el cielo amortajado de la Ciudad de Pan.

GOCHO VERSOLARI

Huellas Desnudas sobre la Página en Blanco.



Al recorrer descalza la página en blanco,

tus huellas dejan signos antiguos, 
ignotos,
             arcaicos
y sueñas que el papel virgen
es una playa de blancas arenas

donde un cachalote fantasma
lanza a lo lejos el agua del crepúsculo. Sueñas
que te tiendes a morir junto a la espuma; que en la mañana
tu cuerpo será una piedra blanca, suave
y el atardecer te encontrará desnuda. Ahora
mis versos tropiezan con tus pies descalzos
y mis palabras se enredan en tus huellas
y surge un monstruo de múltiples cabezas
en vez de un poema agrícola o marino; la página
es un desierto bajo el sol; el invierno
se yergue desde el vientre del papel y me uno a ti
trazando con mis pies el arcano inicial, el primer verso. 

El cielo nos conduce
mientras cubres tu sexo con plumas de gaviotas
y a lo lejos brilla como un vientre entre las sombras
la luna 
 amarilla de la Ciudad de Pan. 


GOCHO VERSOLARI

miércoles, 9 de octubre de 2013

Descalza en la Ciudad de Pan




Aún resuena 
la olla del mediodía en su reverbero azul
y vuelves  a surgir descalza del tronco del ombú
donde ya sospechaba una entrada  en las raíces hacia aquel verano en el que cumplieras dieciocho
y te regalaran una mirada llena de percal
y un dije de brillantes
y un ramo de glicinas azules como tu cielo
Entonces caminas hacia mí y un estruendo de labios redime la fronda de la vejez de este largo tiempo de humedad añeja  y acumulada en mis riñones;
de estos años
que cuecen mis rodillas con el dolor de la lluvia.
Las puertas de la Ciudad de Pan lanzan vibraciones violetas al verte llegar 
y nos adentramos en la masa de las paredes, en los suburbios con escaleras azucaradas
y grillos empalagosos que no dejan de cantar
y cantar
y buscamos la casa con el primer piso, las ventanas
con forma de corazones y la sospecha de que alguna luz creciente se deja caer desde un cielo
que apenas sabe de nubes y de grises.
Entonces nos amamos
una vez 
y otra
y tu sexo canta
y no deja de cantar.

 Sólo en la ciudad del pan
puedes llegar descalza desde el tronco del pasado,
vestida de enredaderas y diademas de sal
para grabar tus pisadas
una vez
y otra
en la humedad ardiente y ahuecada
de la luna final.
.

GOCHO VERSOLARI

domingo, 6 de octubre de 2013

Estruendo de vacas.



En los templados establos
donde el amor huele a paja,
a honrado estiércol y a leche,
hay un estruendo de vacas
que se enamoran a solas
y a solas rumian y braman

Miguel Hernández




Las vacas atronan las praderas
con un silencio rumiante bajo el sol de junio.

(De vez en cuando
un mugido
nos recuerda el paso de las cosas,
que no es otra la función del sonido)

Luego los siseos leves, el caminar entre la hierba
el agua del abrevadero  cruzando las gargantas
y el sol, siempre el sol florido, granate, azul, desconsolado
implacable como una cebolla enorme en pleno cielo.

El sol demoledor de las tres
que arranca rasguidos de las piedras
y los rumores de las colas de las vacas
espantando las moscas de sus lomos.
Toda una sinfonía. 
                          El espíritu de Mozart
rumia uvas en la alberca y huye a eso de las siete
a la sombra del bosque
donde alguna ninfa se escaparía  a meditar
y se vería a sí misma en las copas de lo árboles
tendida sobre el pecho de un humano
Y el sol, 
             y sus gritos inarticulados,
agónicos,
              robustos
que caen entre las vacas serenas
arrastrando mi soledad
a los establos.

GOCHO VERSOLARI

Moneda Púnica






Tengo ahora 70 soles peruanos.
Cojo la penúltima moneda, la que suena
69 veces púnicas.
Y he aquí, al finalizar su rol,
quemase toda y arde llameante,
                                              llameante,
redonda entre mis tímpanos alucinados. ...


César Vallejo - Trilce   XLVIII  (Fragmento)


1


La moneda púnica
cinco veces púnica de Vallejo
se hunde en la ancianía
bajo la tapa del crepúsculo
en el ojo del amo,
del déspota
que se mantiene siempre el mismo
debajo de las formas.

La moneda púnica
va y viene,
salta y rueda,
grita,
susurra
y se pierde finalmente
en los recodos del sueño en que la luz
es un murmullo leve

Hay sombras soñadoras
que muerden estatuas en la luna



La moneda púnica de Vallejo
sigue rodando a lo largo de los años
y no llega todavía
 a esta tarde que no conoce
el "París con aguacero"

La moneda púnica de Vallejo
ha saltado el tiempo y se ha instalado detrás de tus ojos.
Solamente puedo verla con la luz del crepúsculo, cuando el brillo se desliza latiendo por el canto
y rebota en las uñas del gato
y en el vientre del viejo de arriba que en las tardes
se dedica a mirar a las muchachas
mientras hunden sus pies en el lago
y para quienes la moneda púnica se encuentra en el limbo de la riqueza
o simplemente 
es un brillo,   un sueño,  un fetiche derramado por los siglos
que se encarna en tus pisadas,
en el gato somnoliento
en la luna tendida como un niño
junto al bosque y a las luces de la noche.

Súbete a la moneda. Haré que ruede incansable
por mares y silencios.

GOCHO VERSOLARI

miércoles, 2 de octubre de 2013

La Pasión de la Ratona Miñajapa - Nuevo capítulo de LA AGONÍA DEL UNICORNIO -


LA AGONÍA DEL UNICORNIO

por Ricardo Iribarren

 

 

Nueva entrega: 

La Pasión de la Ratona Miñajapa. 

 

 http://www.islabahia.com/arenaycal/2013/208_octubre/ricardo_iribarren208.asp


Luigi Luscenti, el anarquista, destruye accidentalmente el centro de la vida del Ratón Cañupán, compañero de su esposa, la ratona Miñajapa. Ella presencia la destrucción de la gruesa y gelatinosa larva que formaba el núcleo de la existencia del ratón, y este hecho desata un estado de shock. Su marido debe procurar silenciarla para que no lo descubran...





Ilustración: Niño Búlgaro comiéndose una rata - Dalí

lunes, 30 de septiembre de 2013

El Cielo Niño.





El cielo puso huevos en el gallinero
que levantáramos en la parte trasera de la casa
donde las aves se pasean, los pavos exhiben sus colas y las gallinas cloquean en las tardes
mientras el silencio del guisado
llena  de olor la sala y sus alrededores.
El cielo desovó
en el tercero de los nidos contando de la izquierda;
con su enorme corazón (el puño cargado de sangre que la expele y la impele al abrirse y cerrarse) ha puesto un huevo rojo y azul y ahora cacarea
con arrestos de nube,
el cielo, 
aquel gigante que gusta revolcarse en granos de mostaza
y que se asoma a la ventana del baño mientras te duchas
y musita con el niño de la próxima casa
sobre arreboles y balcones,
 silencios y encajes,
 muertos y vivos,
espectros y columnas de sal.
Ahora traigo el huevo enorme  y lo deposito en el rincón más alejado del hogar,
junto a la foto de tu familia. En cinco horas se quebrará suavemente
 y mostrará algunos plumones azules
del pichón que aullará en el crepúsculo
y perseguirá tus pies desnudos,
enamorado de la pulsera de tobillo donde brilla un diamante; la joya que te regalara para nuestro aniversario. En la noche,
los  embriones de cielo saltarán entre los dedos de tus pies, jugarán al tobogán con tus empeines
y treparán  jadeando las colinas de tus tobillos.
En la noche,
armarán un cielo adolescente en el interior del cobertizo
donde nos amáramos por primera vez sobre las parvas de heno.
y deberemos contenerlos para que no hagan levitar a las gallinas
y cuadren el azul silencio que beberemos gota a gota, nosotros, el rey y la reina, muertos y yaciendo en el mismo ataúd
cuando llegue la gloriosa nigredo de las tres. Que no te extrañe
si alguna vez amanecemos como un ser de dos cabezas, cuatro pies y un solo corazón,
siameses súbitos
por la gracia del cielo niño
que nos bendice diariamente desde el alféizar
y que salta como un infante loco bajo el sol de la tarde.

Ahora,
marcha descalza hasta el tercer alambre.
Seducirás con tus caderas
a la tierra y los cielos.

Al rescoldo del sol.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Levitation - Sergei Bizyaev

jueves, 26 de septiembre de 2013

Facebook y la Cicuta





PUBLICACIÓN EN MI PERFIL DE FACEBOOK - setiembre 26 de 2013
 

En el siglo IV antes de nuestra era, Sócrates bebió la cicuta por orden de la ciudad de Atenas, poniendo fin a su vida. El mismo, heredero del orfismo, creador de una corriente de pensamiento que influye hasta nuestros días, fue víctima de una actitud jurídica que recién se solucionaría con el derecho romano unos siglos después; la que se resume en la máxima NULLA PENA SINE LEGE... (No debe haber pena sin ley que la sustente) En efecto, a Sócrates se lo acusaba de corromper la juventud, cuando no existía en Atenas un cuerpo legal que estableciera esta prohibición.

Veinticuatro siglos después, quizá sonemos exagerados al afirmar que "Se sigue matando a Sócrates". Porque estar suspendido de etiquetar amigos por el curso de catorce días sin que haya en los reglamentos de la corporación Facebook nada que lo establezca, es repetir en otro nivel aquella disposición injusta que acabara con la vida de Sócrates.

Se me dirá que una suspensión no es beber la cicuta, y por supuesto no soy Sócrates con su "Areté", pero el principio es el mismo. Se compara a los integrantes de Facebook con los habitantes de un país. Las medidas tiránicas, como suspender arbitrariamente a alguien cuando no existe una ley que lo justifique, es una clara actitud dictatorial en quienes ejercen el gobierno de este país con ribetes claramente despóticos. Es en estas pequeñas conductas donde la violencia institucional gana puntos hasta llegar en otras instancias a un terrorismo de estado. Si a esto se suma la obsesiva y excesiva prohibición de todo tipo de desnudos (desnudos, entiéndase bien, no imágenes pornográficas), nos encontramos frente a una mezcla híbrida de Hitler y Torquemada que tiene en sus manos nuestros destinos en la red.

Me ha tocado en mi vida tener que salir de un país por las actitudes dictatoriales de sus gobernantes. Quizá haga lo mismo en este caso.  Estoy evaluando si debo o no justificar con mi presencia la actitud tiránica de los responsables de este país-red social. Los invito queridos amigos, a sumarse a mi reflexión.

El autoritarismo grita de dolor cuando se ve solo. 


GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Hipatia (Mártir de la antigüedad)

Un Enorme Animal Desconocido



UN ENORME ANIMAL DESCONOCIDO   (Enlace al Video)




 https://drive.google.com/file/d/0Bwuuy5Bl8azfdmNXcVB2eGNEZzg/view?usp=sharing



Un enorme animal desconocido
puebla el espacio. Lo llena. Lo rebasa.


Un enorme animal desconocido,
suave como la luna,
áspero como los  cristales de la tarde,
lento como un crepúsculo en tus ojos,
se cuelga del zócalo de la noche y se balancea hacia el lado de la melancolía.
No sabemos si tiene ojos, pero conocemos sus miradas tristes.
No sabemos si tiene manos, pero sueña con acariciar las volutas de tu pelo.
No sabemos si tiene pies, pero vemos sus huellas desnudas en la nieve.
Los Criptozoólogos lo persiguen en taxis voladores,

 mientras el último policía de la madrugada silba su ronda.
 

Entre las sábanas y en medio de la noche, te susurro la historia del monstruo y apenas la escuchas,  sales descalza y en camisón al balcón de las doce.
Miras las estrellas tratando de precisar la silueta de la bestia;
 el animal desconocido navega verde y rojo en tus pupilas.
Un instante después,
 te veo flotar en la niebla azul
que ha llegado hasta la balaustrada. 
Planeas sobre los cometas invisibles del aire,
y te elevas entre dos edificios,
sostenida en la mano del monstruo, 

enorme como la luna
y tierna como el sol de las diez
Veo por  última vez tus pies desnudos agitándose en el aire
y con un grito inaudible
das el salto cuántico de las tres
y tus cabellos se pierden en el pecho cuadrado del monstruo
que inaugura ríos en el cielo
y una cascada verde donde te bañarás desnuda
los próximos quinientos años.

Nos encontraremos una tarde cuando las plazas se reúnan en el aire de agosto
y trinen los niños y los ancianos
esbocen un himno cascado como el último sol.
Entre los lagartos del crepúsculo,
avanzarás descalza, sin conocerme, 

ignorando mi gesto, mi tartamudeo y los dibujos que traza mi aliento
en el aire del principio del invierno. El monstruo,
tu esposo eterno,
te esperará en el segundo recodo de las nubes
y sólo recogeré tus huellas tan desnudas

como la mirada de un niño moribundo.

Dos torrentes de carne sostienen la noche
y lentos, candorosos,
apagan  las estrellas.

GOCHO VERSOLARI


Ilustración: Without words- Sergei Bizyaev

sábado, 21 de septiembre de 2013

Reflexión sobre la nieve



Observa caer los copos trasparentesque gimen con sabor a cenizas al golpear sobre el asfalto
No ha llegado el sol que los derrita,
el caliente grito que los retorne a las lustrales  aguas
 Entre las paredes descascaradas
de mi cuarto y mi vida,
ella sube a tu cuerpo y lo cabalgas
y su calor se yergue como una yegua desbocada
y busca los calores del mundo
para crear una lengua fragorosa que arrastre y arrastre la melancolía de toda nieve
En tanto las luciérnagas de la locura
bailan en el aire de agosto
con su silencio cálido;
con las ovejas de la noche
forman el lento  bestiario  de las horas.
Asnos, gansos, patos y cochinos
 arrastran su cuerpo al pandemonio de la noche. Lo buscarás
en volcanes apagados, en duelos azabaches
y lo traerás rampante cuando llegue la aurora
y la mañana se llene de grillos y de águilas.

Ella explotará desnuda entre tus piernas
para derretir una a una las estrellas

GOCHO VERSOLARI 

Ilustración: Mathew Scherfenberg

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cuatro huellas desnudas en la orilla del río.





Una nube de insectos con tu rostro
atravesó el espinal a medianoche
y llegó hasta mi cama
despertándome con los zumbidos, arañando mi cara y mi silencio derecho; la nube de insectos con tu rostro y con tu cuerpo desnudo, sin tu calor, sin tus pisadas claras, sin tu voz pendiendo de las tres.
Después se arrastraría fuera del círculo azul
donde la cuarta estrella despositara sus fluidos
y en la glorieta la anciana ofrecería té a todos los paseantes
y algunos se sentarían a beberlo,
y no te verían desnuda entre los árboles. Tan sólo yo,
luego de haber recibido
la santificación de los insectos
pude observar tus verdes caderas,
tus senos amarillos,
tu caer del silicio del techo de la alborada
y estrellarte una vez
y otra
contra el alma redonda de la acera.
Más tarde,
cuando el crepúsculo ponga  huevos entre los pastizales,
nos marcharemos juntos:
brazos entrelazados,
miradas azulinas;
cuatro huellas desnudas
en la orilla del río.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Joss Stone

lunes, 9 de septiembre de 2013

Pollino en el sol





El burro
luego de algunos rebuznos desesperados,
se ha marchado al sol
 y es una bestia enorme y brillante que rueda airosa por las laderas lejanas
y ha dejado en el sendero este pollino testarudo
que se niega a llevar la carga sin saber
si son mis doblones de oro o la comida de los pobres; sin saber
si te llevo a ti misma en las alforjas,
dividida y descalza,
para desenvolverte con cuidado cuando lleguemos al pueblo
y hacerte el amor en la cama del siglo catorce
que perteneciera al cura. Ahora
la única realidad es el burro que se niega a marchar
y que a la vez ocupa una porción del cielo
mostrando al sonreír los dientes gigantescos
y la pelambre gris en las cumbres. Lo dejo. Me concentro en las mariposas azules
que se extienden como palmas en el aire de la mañana
y pienso que el tiempo de los relojes no existe mientras tarareo la novena sinfonía
y recuerdo al viejo Bergson, con su barba blanca,
explicando la diferencia entre el transcurrir de los minutos
y la duración,
mientras elogia el hermoso cabello de la señora Leclerc  y la esposa del sabio
arde de celos frente al Choucroute garni y los criados sonríen entre ellos,
y el anciano Bergson sigue mirando extasiado 
los ojos de la señora Leclerc,
sintiendo en esa fascinación el vértigo de la duración verdadera.
 Con voz suave,
explico al borrico  la diferencia entre los tiempos
y los meandros del pensamiento del autor francés. El animal
me escucha distraído mordiendo una brizna de pasto y cuando pasa el mediodía
planea el otro burro, el celeste, el que bebiera el fuego de los cielos
 se une a su rezago testarudo,
junto al hambre 
que también desciende de las cumbres.
Avanzamos por los desfiladeros. Abro levemente las alforjas,
constato tu piel desnuda, acurrucada,
te guiño un ojo y te acaricio el hombro
con la suavidad de las alas
de una de las gigantescas y azules mariposas,
que llenan la mañana
y que llegan al sol.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Alfombra del Recuerdo - Paul Klee

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un Dios emerge de mi pecho





Esta noche deseo montar mi caballo
y cabalgar el resplandor de la luna
mientras los enanos sin piernas se agitan y se agitan
en el fondo del oscuro lago,
en la negrura de la mina abandonada.
Tus lágrimas bailan y bailan
con una alegría inexplicable,
dada su naturaleza melancólica.
Esta noche deseo montar mi caballo
y atravesar el agua lustral, aquella que une los mundos divididos, que cierra las heridas y canta, canta
canta
en la voz de las cigarras del verano, 
cuando el bosque truena silencios y estruendos
y los pastores cenan sus tristezas.
Me esperarás descalza
en el obelisco de la cuarta estrella, esa que se arrojara desde la plataforma de madera,
la que tu padre construyera para fomentar en el invierno
el suicidio repetido y sin fin de los espectros
que asolaban el solar  añoso, aquel
cuya tierra sonara como una campana. Aquel,
que me susurrara la fantasía del caballo vencedor de los vientos y afirmara
que en su montura sería el jinete azul del que hablara la leyenda.

Veo el escorzo de tu pie desnudo en el alféizar
y un dios emerge de mi pecho
y remonta el tigre azul de las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Upcoming Dreams

viernes, 6 de septiembre de 2013

Buscar mi Piedra




Caminas detrás en la ladera. El sol
se pone lentamente y aún calienta el granito y el basalto.
 Insistes
en treparte  a un risco
y bailar para el  crepúsculo. Los pájaros
se detienen a mirarte
Busco mi piedra y la tuya y la de todos. Cuando la encuentre antes de la noche
extenderé tu cuerpo en el ara
y oficiaré el sacrificio azul entre tus piernas:
 hogar del sol, 
de las miradas tibias,
de las noches calientes del verano.
Me sigues mientras busco. Me sigues
por los estrechos desfiladeros. Tú descalza. Yo con mis gruesas botas. Una guijarro grisáceo
cae al vacío. Un pájaro
se tiende de espaldas en el cielo
 y el agua violeta de la tarde nos empapa
y los grillos se abalanzan sobre el aire
y crece el silencio de la próxima noche. 
Se ocultará la luna y en la total oscuridad
sólo tendré  calor si te acercas a mi espalda. Confío
en que mi roca surja desde adentro
como una luz nublada, como un oculto sol de medianoche
y en la sombra total
donde la única luz son los ojos de las víboras,
te tiendes sobre mi pecho,
tu espalda en mi esternón. Tus ojos
reclamando la luna oscura, cargada de agua negra, reclamando
el brillo charolado de las luminarias.
Cuchillo de carne. Sangre de paloma virgen. En los helados riscos,
derramo tu calor a las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

domingo, 1 de septiembre de 2013

Amor de Escarcha





La noche está helada - dijiste desde la cocina -
será mejor que entres. Quizá en otras vidas
recuerdes esta luna hecha de hielo,
colgando como un broche amarillo,
como mi vientre
cuando me embarazaste de Daniel..."

Y marchaste descalza en la escarcha del pasillo
a colocar sobre mis hombros
el suéter de angora y el silencio de marzo.

El monje jainista de la cabaña azul
repetía hasta el cansancio
que un número limitado de individuos atraviesan el cosmos
y en cada una de las existencias,
 son una vez y otra
 amantes, hijos, padres, hermanos.
 Te contemplo y encima de la blusa
acaricio tu pezón
pensando que ese gesto en otra vida
pudo ser un incesto
o un delito universal de abuso
y en esta noche helada te arranca una sonrisa.
"Si no estuviera tan fría me colgaria de la luna"
aseguras acariciando mi cuello
y pisando delicadamente mi ingle
 con tu pie blanco y desnudo. 
El dragón del fondo de la tierra
se estremece un momento
y lo vemos corcovear bajo la hierba helada.
Te aseguras que los niños duermen
y siento que me llevas en tus brazos
aunque seas tu la que reposa contra mi pecho. 
El ángel del tiempo
cruza el cielo opacando el creciente
y el agua de la noche se vierte en el cuello de los pinos.
Un perro aúlla. A lo lejos
redoblan y danzan un amor de escarcha
las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Eve II por John Logan

LA AGONÍA DEL UNICORNIO (9) EL PANTANO DE LAS ESPIRALES


La Palabra Olvidada

 





LA AGONÍA DEL UNICORNIO (9)
EL PANTANO DE LAS ESPIRALES
 

por Ricardo Iribarren (Argentina)



El Hombre Unicornio vive en el Mundo Sin nombre, donde su principal ocupación es perseguir a la bella Mika sin atraparla nunca. Lo rodean amenazas, pero en su vida cotidiana ha encontrado la felicidad. ¿Hasta cuándo se mantendrá ese estado de beatitud?

http://www.islabahia.com/arenaycal/2013/207_septiembre/ricardo_iribarren207.asp

Ilustración: Ettore Aldo di Vigo

sábado, 31 de agosto de 2013

El Baile de las Hortalizas



El ajo ensaya un pas de deux
en la cesta que lo contiene y lo arropa. Baile de hortalizas que sugiere
el canto de las cosas muertas
en las superficies cargadas de crepúsculo
que duermen inmóviles y tiesas
como niños en Siria. 
La cebolla intenta cantar y se atraganta con el sabor del viento lejano entre los árboles.
Dejemos las lupas con las que observamos
cada pétalo que cae; dejemos
el análisis de la textura; el cálculo 
de la declinación de la parábola;
el reino de la cantidad que nos susurra
si se posó en tu hombro o más cerca de tu codo;
si lo  más importante era el sol de aquella tarde, 
algún trino lejano,
tus pies que corrían tras el pregón del vendedor de helados,
las cintas de tu vestido al viento.
Desde la cocina,
los bróccolis  recuerdan el evento y torpemente,
se ubican encima de las calabazas
como elefantes trágicos, flemáticos,
empeñados en un afán amatorio, lejano
que alguna vez se consumara
 entre las ruinas de los días;
cuando tus ojos se abrieron en la oscuridad 
y tus pies desnudos se tensaron 
como arcos voltaicos
esperando la iluminación de la carne,
el brillo de los huesos vivos,
los pasos de los espectros derramando sal
y la gloriosa noche en que las cosas 
darían su media torsión al infinito. 

Ahora las verduras siguen con su ballet doméstico, 
y magníficas esperan  las estrellas. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Edward Weston

La huella de tu pie se trazó en el rocío




Escribo desde el crepúsculo, con sus gotas de sal y de rocío. Escribo
sin conocer otra hora del día;
escribo
hundido en la pasta violeta donde los pájaros se calman
y las serpientes 
marchan hacia sus cuevas.
Escribo
sin esperar la noche con su carga de voces,
sin esperar la aurora y el estruendo del sol.
El ocaso es un puente,
un camino que acaba y otro que comienza.
Hay azules puntas de guitarra
que suenan con una alegría contenida
para evitar el pecado de la carcajada, 
el escorzo de un cuerpo desnudo
y tus pasos descalzos que se acercan
y me preguntan
si no quiero el café de la noche. No te demores,
llegarán los mosquitos
atraídos por la luz del duermevela,
me adviertes mientras la luna se prende de los árboles
como una amante que reclamara 
 caricias y palabras.
Bastó con tu presencia,
tus cabellos sueltos,
tus pisadas núbiles sobre la madera
para que el tiempo siga el curso
y no quede atrapado en un eterno crepúsculo
donde se repita para siempre el canto de los grillos.

La huella de tu pie se trazó en el rocio
y en su contorno vibran las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Las verdes estrellas que laten debajo de la tierra




La desnudez se separó de tu cuerpo
y corrio escaleras abajo
y al llegar al piso siguió descendiendo
y se convirtió en nube uniéndose al sol verde que emergería del centro de la tierra
cuando dieran las doce
y un inesperado hálito erótico
llenara primero la casa,
luego el barrio
y finalmente el universo
Nadie verá tu desnudez emancipada
y todos la sentirán como una súbita paloma
con la suavidad de vestidos rotos y zapatos destrozados
regando tu calle pequeña,
la de las manos que se agitaron
como palomas negras cuando te marchaste.
Quedó tu desnudez
compartida con millones 
que sin saberlo buscarán saciarse de tu carne
cuando coman cordero. Lo exigirán más suave
y más suave
y será imposible emular la nube rosada de tu cuerpo 
 en la que ellos respiran, ríen y agonizan.
Tu cuerpo,
tu etéreo cuerpo que llenará los ríos, los límites del mundo
y las figuras espectrales del fondo de la tierra. 
Tu cuerpo, tu desnudez que se fugara
ocuparán mi cama algunas noches
y hundirán el arcano azul del sufrimiento
en las verdes estrellas
 que laten debajo de la tierra.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Erick Bolden - Art Nude with rope

jueves, 29 de agosto de 2013

La Inmensa Noche de la Vida




Cuando fui pastor
no pude conducir mis ovejas a la luz
y se ahogaron, 
se ahogaron
en la noche inmensa de la melancolía.
Entonces llegaste,
descalza en la mañana, 
cantabas y me dijiste que tu canto
podía colgarse de las nubes;
después,
me hablaste de tu madre,
y de tu antiguo novio. 
Mencionaste tus juegos de niña
y el futuro al que sentías
como otra voz de las estrellas.

Al regresar me esperaban mis ovejas,
intactas bajo la brisa tibia 
de la resurrección.
Fui a buscarte, pero ya no estabas;
alguien me dijo que te habías disuelto
en un vuelco del sol

Desde entonces
mi soledad juguetea con la estrella del sur
y las ovejas 
echan a rodar sus balidos
por la inmensa noche de la vida. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Claudia Cardinale

miércoles, 28 de agosto de 2013

Olvidemos el Cielo



Por un instante,
olvidemos  el cielo 
Siempre estará allí.  
Sólo con levantar las cabezas
podremos beber sus maravillas.
Ahora caminemos descalzos sobre la tierra.
 Huele el perfume de los abetos
y escucha el chapotear de los gansos a lo lejos.
El aire de la noche se llena de catedrales
y somos los sacerdotes que celebran la hierba.
Olvidemos  el cielo.
Hay demasiada sangre en el camino
que conduce hacia él.
Es otoño, brillan en los árboles
la hojas antes de caer. En la casa arde el fuego
y dormiremos junto al hogar mientras las llamas
dibujan la noche en las paredes.
Por un instante
olvidemos el cielo.
Esta noche,
las estrellas se alejaron demasiado. Quizá mañana
retornen con sus latires y sus gestos
a trazar un sendero entre los árboles
que nos conduzca al mar.
Ahora canta un pájaro. El crepúsculo se abate.
Trina la tierra y el fuego de la sala
llena de nidos el aire del otoño. Esta noche
el cielo es una extension helada. El infinito
se aleja de los cuerpos. Canta otro pájaro
y tu calor es lo único que existe. 

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Thirtythree

sábado, 24 de agosto de 2013

Algunos pájaros anidaron en tu seno derecho




Entras rampante por la puerta
que la noche acaba de abrir con su boca redonda,
 Ciega,
negra de tanta luz,
entras con la mirada fija en el cuadrante de la esquina
donde un universo se vuelca en la luz del farol y en el juego de los niños
Persigo tus huellas desnudas como un menesteroso
Tu belleza es tan sólida,
que podría cortarla el facón de un malevo.
Tu belleza carnal,
a la que muchas veces trozaron los matarifes
y la arrojaron a los perros hambrientos del Dock Sud.
Pero ahora regresas triunfante
con tu piel tan clara como la leche de la noche
cuando se vierte lentamente sobre el lago
 En el suelo mi rostro
está a la altura de tus talones blancos, de tu indiferencia abisal
y miras a lo lejos las salinas
extensas como el planeta
y dices que hay que remover la sal, devolver el verde a la grama y la humedad a la tierra
que debajo de tus pies desnudos gime como un enorme gusano marrón
y la luna verde del final del kalpa
se agita
y las estrellas van y vienen,
enamoradas del fluir incesante de las cosas.
Algunos pájaros anidaron en tu seno derecho,
exactamente debajo del pezón,
donde una abertura tibia protege los pichones
en ese gesto inevitable 
de reproducirnos a toda costa
que tenemos los seres del tercer planeta. Cae una lluvia débil
que aumenta tu grandeza
y la palidez de tu talle desnudo
al que quisiera tomar con mi brazo en el sueño de un sueño.
El día es un fantasma en medio de la noche.
La alborada es un deseo lejano, una fantasmagoría
para las flores que sólo viven entre las tres y las cinco
y que al verte agonizan en paz
creyendo haber contemplado al propio sol.

GOCHO VERSOLARI

viernes, 23 de agosto de 2013

Tu Vellón



 Tu vellón 
me acosa desde el cielo
Tu vellón que ha quedado solitario 
desarmando el lecho con un sueño intranquilo,
cargado de cuervos que lo asaltan y yo aquí,
trasportando la carga por los desfiladeros; el día 
es un borrico soñador y perezoso 
que avanza lentamente. 

Al volver  
tu vellón será una flecha larga
clavada en mi ombligo, irradiando hacia mi bajo vientre, llegando hasta mis pies como una nube índiga
Toda la tarde tu vellón habrá transitado hasta el río
y flotado en los cachalotes de la noche
que se extraviaran en la luz. Tu vellón,
azul de tanto recordarlo,
áspero en su suavidad,
calmo en su ira. Tu vellón,
 empeñado en trascender,
se atesta de las páginas
de existencialistas españoles;
memoriza parrafadas de Ortega y Marías
a las que suelta cuando me extrañas y lloras y cargas el agua
y caminas hacia la cabaña que se levanta en la sierra
con la forma de una madre que ha terminado de amamantar. Tu vellón me sueña
y yo lo sueño;
nos encontramos en los delirios oníricos 
de esa pequeña cabellera
que gravita en la puerta de tu carne; suave cerrojo; blando carcelero. Somos cómplices
mientras el día se vuelca y se mezcla con el lago
y el lecho es un ladrido de perros 
que no terminan de acosarme.

(Tu vellón es el cabello tibio
de todas las estrellas).

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Virzeskaya Kassandra

lunes, 19 de agosto de 2013

Tus Pies



 Anoche
sentí tus pies
caminando en mi pecho. Se detuvieron
en el lago sin nombre de mi ombligo,
rodearon mi pelvis
y siguieron por las piernas
hacia mis propios pies donde se disolvieron bajo el brillo de la primera aurora.
Después fue un silencio lleno,
agudo como una aguja que entrara por mi médula. Después
fue una lluvia de gotas azules
precedida de nubes marrones,
de peces que se elevaban en la media mañana

y de pájaros yertos que volaban sus muertes.
Después
descubrí tus huellas húmedas y fantasmales
en la sábana gastada,
en las paredes llenas de humedad,
en los pisos helados.
donde el sol procuraba llegar
Te intuyo en el mundo de los vivos
donde tus pies desnudos se llenan de barro
y hay nubes reales y la brisa
huele a polvo de alas de mariposa. Tus pies. Tus labios. Tu mirada,
espectro de los vivos que transita
el silencio de los muertos.

 Ahora

la luna se columpia y muere
en la cuadrada brisa de las tres.



GOCHO VERSOLARI

sábado, 17 de agosto de 2013

El Sueño



El sueño llega a veces
como un mosquito sin zumbido, sin aguijón ni cuerpo,
se detiene por un instante en el dorso de mi brazo
y luego continúa su vuelo
Ha arrancado de mi vientre
una serpentina leve, leve que se prolonga y que no acaba
en ninguna de las estaciones  del mundo sublunar.
 Otras veces
el sueño es un fantasma suave que gira como una peonza en el atardecer cuadrado de las tres, y la tarde espectral oculta las vibraciones de los mundos y el cielo es un enorme y brillante gusano que explota hacia adentro.
Y luego las sombras. Las sombras.
Las sombras,
en abanico, en racimos, con  sonidos de castañuelas y tus tacones golpeando el cemento, y tu clavel atravesando el entrecejo y tu resuello. En el sueño
marcharás por las cornisas de la noche
eligiendo aquella que te derrame al vacío
de una muerte espectral,
propia,
cuadrada
como el hueco de los días cuando se apilan unos sobre otros
y nos exigen que los evaluemos,  
como niños que jugaran a ser dioses.

Es el sueño.
Es el sueño,
repites en mi oído y luego
fundes y derrites las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: El Sueño - Paul Delvaux