domingo, 27 de marzo de 2016

Saturas la noche con tus hermosos huesos



Saturan tus huesos los mojones hipnóticos
que se atrancan en pupilas llenas de cenizas
y de cuervos
y de mosquitos
veloces como flechas. Inoculan
raptos místicos y azules
que afinan y trasladan nuestro ser
del último callejón lleno de muerte
al cielo séptimo con adláteres plumosos
y  enjuagues llorosos y beatíficos. 

Saturan tus huesos;
no dejan de saturar, huesos hermosos,
que caminan descalzos las cornisas de la noche
y sólo se detienen
para oler las flores 
que dejara ayer en el alféizar.

En unos segundos
cortará el níveo tren de las horas
el  azul cuadrangular de tu desnuda marcha 
por los andariveles del vacío.

GOCHO VERSOLARI

La enorme A que desde el horizonte sume a los poetas en una desesperación lenta y azul



Atardece  
y una enorme A como una tienda
modela el horizonte,
cubre pájaros
y brilla, brilla con destellos propios
mientras se desploma el resto de las letras
sumiendo  a los poetas
en desesperaciones lentas,
 caos grises y asténicos
cargados de vacíos escenarios, 
de fantasmas descalzos
y de amantes sin cuerpo.

En el crepúsculo,
una A se escurrió entre mis sábanas,
se encaramó en mi sexo,
y convocó gritando
a marineros agudos y  lejanos,
  a  puercos rosados y silentes,
a tiernos zapallos bendecidos;
a  silencios.

GOCHO VERSOLARI

domingo, 13 de marzo de 2016

Esta Mujer con un Monstruo en el Pecho



El monstruo que una vez
devorara a la hermosa muchacha,
se transformó en ella al paso de los años.

Y hoy vemos la silueta sinuosa 
entre las nubes del rocío;
brillante bajo las estrellas del invierno;
acerada bajo los pies de la mañana.

Y hoy vemos
el monstruo transformado en mujer
entrar por nuestra puerta,
arrodillarse  en nuestra cama,
con las plantas  llagadas 
de tanto caminar descalza
las eternas espinas de la noche

Un  copular  azul de pájaros,
de vómitos de nubes
lentas
suaves...
...y esta mujer que hoy hiere de belleza,
que es  el  terror antiguo de aldeas y labriegos; 
esta mujer
con un monstruo en el pecho; esta mujer
que suelta los cabellos
y se entrega desde sus pies profundos
balanceando y revolviendo 
mis caderas...

 Llueve de pronto;
se desbandan
bromas de niños por los cuencos de la tarde.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: Lord Xarnor

Las avispas calientes de la tarde de invierno



La tarde de invierno
lanza avispas calientes que se enredan
en los trozos de vacío de la atmósfera.

Cada una de ellas,
tiene un sol en su vientre;
heliósforas avispas,
trazan alrededor de mi cabeza
una aureola creciente,
dorada y brillante como la de los santos.

Esta pretendida beatitud,
no evita que mi entraña viaje con el viento
cuando te divisa  en la ladera,
con tu andar que agiganta las nubes,
que las empequeñece
hasta encerrarlas en la punta de esta aguja.

Nubes que estrujan tus pies; nubes que inician
la danza de la noche
con la lejana música de las esferas
que sólo tú puedes escuchar,
alma encerrada en mis privados avernos;
en mis privados paraísos.

Te marcharás mañana,
cuando el amor sirva el día en platos de peltre
 y sobre las colinas
se extienda el atardecer
de nuestros huesos.

GOCHO VERSOLARI

jueves, 10 de marzo de 2016

A veces desciendo al mundo de los muertos



A veces desciendo al mundo de los muertos
hasta llegar al sitio 
donde se encaraman en la tarde
 un moño de piedra,
un ave 
y un vacío.
Luego llegan los espectros. Cada uno
en su ayllu de nada;
en su sello de pan.

A veces desciendo al mundo de los muertos
y araño la piedra en busca de tus huellas.
Me dicen
que estás aprisionada en el lomo de una roca,
en la garganta de un demonio,
en el estómago de un Leviatán.

Con una merienda de cenizas
y un pan de noches agostadas,
recupero las fuerzas
para seguir buscándote.
Tus pies blancos, desnudos
se adentran  en infiernos destellantes
donde la sombra de la nieve
cruza como un negro unicornio
las tardes de tu ausencia.

Te bastaría
caminar hasta mí
cargando tus mañanas en la espalda
y ya muertos los dos,
ascenderíamos al hogar despellejado
donde un árbol atravesara el techo de la casa
para rogarnos que trepemos su tronco
áspero;
aterido.

 En la lejanía,
aguardan las estrellas.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: sleeping_beauty_by_artofdan70-

lunes, 7 de marzo de 2016

Vestido de ave, te conduzco a mi cuerpo desde el mundo de los muertos





Vestido de ave,
te conduzco a mi cuerpo 
desde el mundo de los muertos.

Pico, nubes, huesos, cielo:
mi cafetán de acero canta
con esta   música que llega a las estrellas.

La alborada
verá tus pies desnudos bajar de la colina
y entrarás por mi emplumado pecho,
recorrerás mis bosques,
mis avenidas  de silencios reptantes
y estos sedosos  caminos   de la  entraña.

Regresas del mundo de abajo;
siento tus pasos en mi vientre,
en mis caderas
en el apetecido albor de mi deseo; la mañana
ondula como el fantasma de una amante
en el tenue universo de los sueños.

La música termina; vestido de ave,
retorno desierto  a mi camastro.

GOCHO VERSOLARI

Ilustración: aisii_and_joana_by_alfred_georg
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